Racing-Independiente Rivadavia y un guion que vuelve
Hay partidos que se quiebran por puro talento, y otros que se atan por miedo. Racing-Independiente Rivadavia, hoy, cae más en ese segundo cajón. Así de simple. Y aunque este jueves 26 de febrero de 2026 se habla mucho de “reacción”, la verdad es que entre la roja de Miljevic y la alarma física por Maravilla Martínez, la Academia llega con un plan menos filudo de lo que su escudo promete, bastante menos.
El detalle que cambia la lectura
Primero pegó lo emocional: Miljevic expulsado y llorando, una postal que no solo te mueve el ánimo, también te desarma escalones y coberturas para el partido siguiente, porque no es cambiar una ficha y listo, hay efectos en cadena. Luego cayó lo médico, y ahí sí se prendieron todas: la salida de Maravilla preocupa porque Racing pierde faro de área cuando él no está entero. Doble golpe. Y ese impacto no mueve solo un apellido; te cambia altura de presión, cantidad de centros y hasta la paciencia, impaciente, de la tribuna.
No fue casual que el último entretiempo entre ellos terminara 0-0. Ese dato, cortito, conversa con un patrón viejo: cuando Racing choca con bloques bajos del interior y no puede jalar por dentro, los primeros 45 se vuelven pesados, trabados, medio ásperos, como partido de invierno en Matute cuando te cortan cada transición con falta táctica y el reloj parece ir más lento de lo normal. Existe. No da brillo, pero existe.
El patrón histórico que se repite
Si miras el tramo largo del fútbol sudamericano, está lleno de favoritos que se enredan contra equipos que aceptan defender treinta metros más atrás, sin rubor, sin complejo, y haciendo del partido una chamba de resistencia. En Perú ya pasó clarito en la Libertadores 2010: la “U” de Juan Reynoso sacó a Lanús con control emocional, ritmo bajo y ocupación feroz de carriles internos. Directo. No ganaba el más “grande”; ganaba el que imponía el tipo de partido, así nomás.
Racing, por historia, la pasa mal justo ahí: cuando le tapan el pase filtrado y lo obligan a cargar por fuera. Independiente Rivadavia no necesita 60% de posesión para competir, ni cerca. Le basta con cerrar frontal, temporizar y llegar vivo al 70. Esa receta del visitante corto de presupuesto se repite y se repite en la liga argentina reciente: resistir, cortar circuito, raspar tiempos. Raro de ver, raro de verdad. Yo lo veo claro: el guion más probable vuelve a ser de margen mínimo, no de goleada local.
Esa repetición también salpica apuestas, claro. Cuando el relato se sube al “grande herido que responde”, la cuota del local se achica por nombre y urgencia, más que por contexto táctico real, y ahí, justo ahí, se abre una grieta para quien no compra escudo.
Qué mercados tienen sentido hoy
El mercado más lógico, para mí, no pasa por adivinar héroes. Así nomás. Pasa por aceptar el libreto que ya vimos: pocos espacios, ritmo cortado, fricción. Si aparecen líneas de 2.5 goles, el under tiene sustento histórico en cruces de este perfil, y más todavía con dudas sobre la referencia ofensiva de Racing. Directo. También toma forma el empate al descanso, porque el primer tramo suele jugarse con cálculo, no con vértigo.
No digo que Racing no pueda ganarlo. Digo algo más incómodo: lo puede ganar tarde y corto, que no es lo mismo que dominar. En apuestas eso pesa. Un 1-0 al 78 le sirve al hincha, sí, pero te rompe tickets armados con superioridad amplia. Y ese error vuelve, vuelve siempre, porque muchos confunden necesidad con capacidad.
La memoria peruana como espejo
Acá en Lima conocemos ese partido con reloj de arena. En el Apertura 2024, más de un grande local dejó puntos ante rivales que parecían chicos en plantilla, pero grandes en disciplina de bloque medio-bajo, y cuando el público pedía avalancha, el juego devolvía roce y pausa, una película repetida. Corto. Racing hoy se parece a ese grande apurado que quiere resolver al toque en 20 minutos lo que tácticamente te pide 80.

Y hay un dato bravo, mmm, a ver cómo lo explico: cuando un equipo llega tocado por una expulsión reciente y por la posible baja de su 9, la primera decisión del DT casi siempre es proteger antes que lanzarse, no por cobardía, por gestión de daño. Eso enfría el arranque. Y favorece al visitante que vino a sobrevivir. En ese escenario, el valor no está en la épica; está en la repetición.
Me puedo equivocar, de hecho. Pero si este cruce vuelve a cerrarse, si pasan los minutos y el marcador se atasca, no será sorpresa: será la historia copiándose a sí misma, otra vez. La pregunta para el apostador es más brava: ¿vas a leer el apellido del club, o el patrón que ya vimos demasiadas veces?
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